La construcción se transforma. En los procesos, en los materiales, en las herramientas que se utilizan y, sobre todo, en el modo en que se conciben los proyectos desde la fase inicial. Esta evidencia ha sido uno de los ejes del II Congreso de Construcción Avanzada iConstruccioNA, celebrado recientemente en Baluarte. En él, dos profesionales de Abaigar han compartido su experiencia de innovación con la aplicación de la metodología BIM (Buildin Information Modeling) y los sistemas industrializados en la edificación residencial.
Nuestra intervención, liderada por Aitziber Morrás, arquitecta, y Lucas Robres, arquitecto técnico, se centró en un caso concreto, Soul Lezkairu, una promoción de 44 viviendas en Pamplona que construimos con una estructura industrializada de hormigón mediante el sistema SEI. Con este testimonio, los dos técnicos de Abaigar hicieron patente que la industrialización no es una perspectiva de futuro, sino una realidad que se abre paso en sectores como el residencial.


La cuestión clave es que los procesos de industrialización obligan a replantear la filosofía de construcción. Dejan menos margen para realizar cambios no planeados porque el hecho de industrializar obliga a prever las fases de obra con máxima precisión. Las piezas se manufacturan en fábrica para ser colocadas en el momento oportuno. «Más que proyectar para ejecutar en obra y corregir sobre la marcha, ahora proyectamos para fabricar en planta y ensamblar en el solar del inmueble», señaló Aitziber Morrás en su intervención.


Este cambio exige un nivel de coordinación técnica muy superior y sitúa la metodología BIM en una posición central. En Abaigar llevamos años avanzando en esa línea, y hemos incorporado el BIM como una herramienta de trabajo que mejora la colaboración entre arquitectura, ingeniería, dirección de obra y sistemas de fabricación. Con ello, hemos creado un ecosistema de trabajo que permite asegurar las fases de obra, afinar las mediciones, prevenir posibles incidencias y resolverlas por anticipado y tomar decisiones con más rigor antes de iniciar la edificación.
Eficiencia de procesos y menor impacto urbano
En ese sentido, hay dos aspectos clave que mejoran con la industrialización. Por una parte, el proceso es mucho más eficiente. «Hemos comprobado que se reduce en un 50% la mano obra y que los plazos son más ágiles debido al uso de un sistema autoportante que no requiere apuntalamientos», afirmó Lucas Robres en su ponencia. La fabricación off-site permite trabajar en condiciones más estables, mejorar la trazabilidad de los materiales, reducir desviaciones y trasladar a la obra una lógica de ensamblaje mucho más ordenada que la de los sistemas tradicionales.
Por otra parte, los profesionales de Abaigar han comprobado que el impacto urbano es menor. Las obras son más limpias y se disminuye notablemente la contaminación acústica. Asimismo, se generan menos residuos y se organiza un menor número de operaciones auxiliares. Este factor es muy relevante en urbanizaciones como Lezkairu donde, con el paso de los años, la construcción de nuevas viviendas convive con inmuebles terminados en los que viven miles de personas.
Estos fueron dos de los mensajes que transmitimos en el Congreso. Igualmente, no hay que olvidar que la transformación va más allá de la aplicación de nuevas tecnologías. Se necesita asumir una cultura de trabajo más exigente con los plazos y más colaborativa.
Soul Lezkairu, así como otras experiencias de construcción basadas en la metodología BIM, nos han permitido evolucionar hacia un modelo de actividad de valor añadido con el que mejoramos la calidad del producto final, afianzamos la vida útil de los edificios y reforzamos, en última instancia, el bienestar de las personas que habitan las viviendas.
Por eso, la compañía tiene un claro compromiso por seguir ahondando en estas prácticas y en la adopción de las nuevas tecnologías aplicadas a la edificación residencial.
Fotografías del evento propiedad de Diario de Navarra.