Una habitación infantil cambia mucho más rápido de lo que parece. Primero es el reino de los juguetes. Después llegan los libros, los deberes, las aficiones, la música, los amigos… De repente, casi sin darnos cuenta, aquel dormitorio infantil se ha convertido en un espacio juvenil con necesidades completamente nuevas.
Por eso, al pensar en su decoración, conviene mirar un poco más allá del presente. Sentar una buena base, sacar partido a la luz y al almacenaje, y elegir soluciones capaces de evolucionar harán que la habitación siga funcionando durante muchos años.
En las viviendas que tenemos actualmente a la venta hay varios ejemplos de cómo conseguirlo: espacios luminosos, distribuciones funcionales y dormitorios pensados para adaptarse a la vida que ocurre dentro de ellos.
Hemos confeccionado varias reglas que puede ayudar a la hora de elegir el interiorismo más adecuado para la habitación juvenil:
1. Una base sencilla para dejar sitio a su personalidad
Hay decisiones que aguantan muchos años y otras que conviene poder cambiar sin complicaciones.
Para paredes, suelos, puertas o muebles grandes, los tonos neutros son una base excelente. Blancos, colores suaves y acabados naturales aportan luminosidad y permiten transformar la habitación solo con la renovación de textiles y elementos decorativos.

Es la combinación que vemos, por ejemplo, en los interiores de Luma Burlada, donde predominan las líneas limpias, los tonos serenos y el suelo porcelánico imitación madera: una base cálida y atemporal sobre la que resulta muy fácil incorporar color y carácter propio.
2. El escritorio, mejor cerca de la luz natural
Una habitación infantil puede empezar siendo una mesita para dibujar. Unos años después será el lugar donde estudiar, usar el ordenador o dedicarse a alguna afición.
Si la distribución lo permite, colocar el escritorio cerca de la ventana ayuda a aprovechar la luz natural durante buena parte del día. Conviene también dejar suficiente superficie de trabajo y no llenarla desde el principio con muebles demasiado específicos.

Las viviendas de Elara Elcano son un buen ejemplo de lo importante que resulta la amplitud y la luminosidad en el día a día. Sus distribuciones que cada metro tenga un propósito y que los espacios respondan a necesidades distintas a medida que cambia la vida.
3. Aprovechar las paredes también es ganar espacio
Una habitación tiene que servir para dormir, estudiar, guardar ropa y disfrutar del tiempo libre. Por eso, una buena solución es pensar también en vertical. Estanterías, baldas o módulos suspendidos permiten guardar libros, objetos personales o material de estudio sin robarle superficie al suelo.
Así se libera la zona central de la habitación y el espacio gana amplitud visual. Y no hace falta llenarlo todo: dejar algunas paredes más despejadas también ayuda a que la habitación respire y deja margen para ir sumando elementos nuevos cuando haga falta.
4. Un buen armario evita muchos muebles auxiliares
El almacenaje es probablemente una de las necesidades que más crece con los años. Si contamos desde el principio con un buen armario podremos mantener el resto del dormitorio más despejado y evitaremos tener que ir sumando muebles.

En Soul Lezkairu, los dormitorios cuentan con armarios empotrados según cada tipología. Los lofts de Parque Sur Txantrea, por su parte, tienen armarios en todos sus dormitorios, con interior forrado, balda maletero y barra. Y en Luma Aura, en las viviendas unifamiliares de cuatro dormitorios actualmente a la venta, los armarios también están presentes en cada uno de ellos.
5. Pensar en zonas, aunque no haya muchos metros
No hace falta una habitación enorme para crear ambientes distintos. Una alfombra, la posición de un escritorio o una pequeña butaca pueden diferenciar cada uso sin levantar una sola pared.
En los dormitorios más amplios se puede incluso reservar desde el principio un rincón libre. Durante unos años será zona de juegos. Más adelante, un rincón de lectura o un lugar donde estar con amigos.

Las viviendas de cuatro dormitorios de Elara Elcano ofrecen justamente ese margen para organizar la vida familiar con más flexibilidad: la primera planta reúne el dormitorio principal y otros dos, mientras que el cuarto dormitorio se sitúa en la planta baja. La distribución de la vivienda también puede acompañar las distintas etapas de una familia.
6. Una iluminación para cada momento
Una habitación juvenil funciona mejor cuando combina distintos puntos de luz: una general para el conjunto del dormitorio, otra más precisa en el escritorio y una cálida junto a la cama para leer o descansar.
Por otro lado, aunque no parece tan esencial, sí conviene recordar que gracias al suelo radiante disponemos de más superficie en los muros de la estancia para colocar los distintos elementos porque no hay radiadores.
7. No terminar del todo la habitación también es buena idea
También resulta recomendable que no cerremos la decoración por completo desde el primer día. Al igual que nuestros hijos e hijas crecen, la habitación ha de evolucionar y también tiene que enriquecerse con su personalidad. Hay que dejar margen para ellos aporten nuevos recursos para hacer de la habitación su lugar propio.
Por último, tampoco se nos debe olvidar que el dormitorio juvenil es el de la época de la adolescencia. En esa etapa, es difícil que la estancia se encuentre siempre en estado de revista. Más bien al contrario. En ese sentido, el espíritu práctico y la paciencia también han de guiar nuestra filosofía decorativa. ¡Suerte!
