Suelo refrescante, una forma más natural de mejorar el confort en los períodos cálidos

Las viviendas de obra nueva ofrecen hoy un comportamiento térmico muy superior al de hace unos años. El Código Técnico de la Edificación establece exigencias para limitar la demanda energética de los edificios. En ello participan soluciones constructivas como los aislamientos, las carpinterías exteriores de altas prestaciones o los sistemas de ventilación mecánica, que ayudan a mantener una temperatura interior más estable.

Sin embargo, somos muy conscientes de que el clima también está cambiando. Los veranos actuales duran, de media, alrededor de un mes más que en el pasado. Los periodos de calor comienzan antes, se prolongan durante más tiempo, son más intensos y hacen necesario repensar el confort de la vivienda en primavera y en verano. Hasta ahora, en lugares como Pamplona y su comarca, se daba más importancia a la calefacción, pero comprobamos que hay que modificar el planteamiento.

En estas nuevas circunstancias, antes de pensar en la climatización convencional, cabe considerar opciones como el suelo refrescante que, al fin y al cabo, aprovecha los circuitos de la calefacción radiante que llevamos años instalando de forma habitual en las viviendas Abaigar.

¿Qué diferencia hay entre suelo radiante y suelo refrescante?

Ambos aprovechan el mismo principio: una red de tuberías instalada bajo el pavimento. Durante el invierno circula por ellas agua caliente, que transmite el calor de manera uniforme desde el suelo. En verano, si la instalación se ha proyectado para ello, puede circular agua fría y utilizar esa misma superficie para absorber parte del calor del interior.

Por tanto, la misma  instalación de suelo radiante que da servicio a la calefacción permite ampliar su función para el refrescamiento. De ese modo, se puede aprovechar la instalación durante una parte mucho mayor del año.

Su principal ventaja está en la forma en la que aporta confort. El suelo refrescante atempera la vivienda de manera progresiva y homogénea, sin chorros de aire frío, sin equipos visibles y sin ruido en las estancias. El resultado es un ambiente agradable y estable, especialmente en días de calor moderado o durante las semanas de transición entre estaciones.

En todo caso, cabe insistir en que el suelo refrescante no funciona como un aire acondicionado ni pretende sustituirlo en todas las circunstancias. Su objetivo es reducir la carga térmica de la vivienda y mejorar la sensación de confort, pero su capacidad de refrigeración es más limitada.

Asimismo, es un sistema con inercia. No enfría una habitación de forma inmediata al encenderlo, sino que actúa poco a poco sobre el conjunto de la vivienda. Por eso ofrece mejores resultados con un funcionamiento estable y planificado que mediante encendidos y apagados puntuales.

El suelo refrescante actúa sobre la temperatura, pero no deshumidifica el aire. Además, el agua no puede circular a una temperatura excesivamente baja, porque podría producirse condensación sobre el pavimento. La instalación debe disponer de un diseño y un control adecuados para evitar ese riesgo. Por esta misma razón, habitualmente no funciona en modo frío en los baños, ni tampoco la capacidad de refrescamiento es elevada.

¿Suelo refrescante o aire acondicionado?

Son soluciones diferentes y pueden complementarse. El aire acondicionado permite bajar la temperatura sin limitaciones y controlar la humedad, por lo que resulta especialmente útil durante una ola de calor, en viviendas con una orientación más expuesta, o en un momento de mayor ocupación de las viviendas como podría ser una reunión familiar.

El suelo refrescante trabaja de una manera más suave y continua. Al atemperar previamente la vivienda, reduce el esfuerzo que debe realizar el aire acondicionado cuando este resulta necesario. Esto puede permitir que el equipo funcione durante menos tiempo o con una exigencia menor.

Sí conviene señalar que aunque una vivienda tenga suelo radiante, el sistema no está preparado automáticamente para refrescar. Las tuberías, la separación entre circuitos, la producción de agua fría, la regulación y determinados elementos comunes del edificio deben dimensionarse desde el proyecto para ambos usos.

Por eso, intentar adaptar después una instalación ya terminada puede ser complejo, costoso o incluso inviable, especialmente cuando afecta a sistemas centralizados y a elementos comunes.

En Abaigar pensamos que la vivienda ha de responder a las necesidades actuales. En ese sentido, empezamos a tener presentes estas nuevas necesidades para mejorar la experiencia de la casa en los meses más cálidos.

Abaigar
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