Hay veranos que recordamos por un viaje y otros que permanecen unidos para siempre a un libro. A veces basta una terraza a la sombra, una habitación fresca durante las horas más calurosas o un rincón tranquilo junto al mar para que la lectura nos traslade muy lejos. No es necesario preparar el equipaje porque las historias se encargan de llevarnos a mil lugares.
No estamos recomendando a nuestros lectores que se queden en casa, ni mucho menos. Es bueno salir y disfrutar en estos meses que invitan a otro ritmo de vida. Sin embargo, no resulta menos cierto que las lecturas, para las que disponemos de más tiempo, aumentan los confines de nuestro mundo. Las voces escritas cruzan países, épocas y fronteras, y nos muestran otras vidas en la que sumergirnos durante unas horas o unos días.
En Abaigar ya llevamos cuatro veranos proponiendo lecturas. En esta ocasión hemos elegido ocho libros que, de diferentes maneras, hablan de aquello que las personas intentamos conservar cuando el mundo cambia: una vivienda, una familia, la dignidad, los recuerdos, la libertad o la esperanza en el futuro.
Hay casas disputadas y grandes propiedades familiares, ciudades desaparecidas, amores amenazados por el fanatismo, padres que se convierten en memoria y ciudadanos que se resisten a aceptar que el porvenir ya esté decidido. También hemos reservado un espacio para la aventura en estado puro. Porque el verano permite las lecturas profundas, pero también esas historias capaces de hacernos olvidar durante un tiempo todo lo que sucede alrededor. ¡Comenzamos!
1. La casa de Leyla, de Zülfü Livaneli
Leyla, última descendiente de una antigua familia otomana, ha pasado toda su vida en una villa frente al Bósforo que pertenece a su familia desde hace generaciones. Ya anciana, es expulsada después de que el banco venda fraudulentamente la propiedad a un rico empresario y a su esposa. Sin casa y sin apenas recursos, será acogida por Yusuf, hijo del antiguo jardinero de la finca, en un barrio popular de Estambul.
El desalojo pone en contacto mundos que parecían destinados a no encontrarse: la vieja aristocracia otomana, los jóvenes artistas, los inmigrantes, las personas marginadas y las nuevas élites económicas. A través de ellos, Livaneli construye un retrato de una ciudad suspendida entre su pasado y su presente.
La casa es aquí mucho más que una propiedad. Contiene la memoria de una familia, representa una forma de vida desaparecida y se convierte en el escenario de una lucha desigual entre el dinero y la dignidad. Es una novela accesible, emotiva y llena de personajes que van revelando poco a poco los vínculos secretos que los unen.
La familia Brooke se reúne durante cuatro días en su mansión inglesa del siglo XVIII para despedir a Philip, el patriarca alrededor del cual han organizado sus vidas. Su muerte obliga a los hijos a decidir qué harán con una propiedad tan hermosa como difícil de mantener.
Frannie, la primogénita y heredera, desea convertir las tierras en un espacio natural protegido. Milo imagina un exclusivo refugio de bienestar para grandes fortunas. Isa, la hermana menor, regresa al hogar familiar en medio de una crisis personal. Mientras discuten sobre el futuro de la finca, comienzan a aflorar los secretos, resentimientos y contradicciones que la familia había preferido mantener ocultos.
Anna Hope recupera la tradición de las novelas británicas ambientadas en grandes casas de campo, pero la traslada a nuestro tiempo. La herencia, el privilegio social, las consecuencias del colonialismo y la responsabilidad medioambiental aparecen entrelazados con los conflictos familiares. El resultado es una novela coral e inteligente que se pregunta por las obligaciones que acompañan a aquello que recibimos de las generaciones anteriores.
Una fotografía tomada en 1941 muestra a Leman Ypi, abuela de la autora, durante su luna de miel en los Alpes italianos. Muchos años después, la imagen aparece en las redes sociales y provoca una sucesión de acusaciones contradictorias: para algunos, Leman fue una colaboradora fascista. Para otros, una espía comunista.
Movida por el suceso, Lea Ypi regresa entonces a Albania para investigar la vida de su abuela en los archivos de los antiguos servicios secretos. La búsqueda la conduce desde el final del Imperio otomano hasta la Segunda Guerra Mundial y la implantación del comunismo en los Balcanes. Sin embargo, los documentos no ofrecen una verdad definitiva. También contienen silencios, manipulaciones, sospechas y testimonios condicionados por el miedo.
Entre la investigación histórica, la memoria familiar y la reconstrucción literaria, Indignidad nos recuerda lo fácil que resulta juzgar una vida desde el presente. Exige una lectura atenta, aunque recompensa con una historia íntima y ambiciosa que continúa resonando después de cerrar sus páginas.
4. El jardinero y la muerte, de Gueorgui Gospodínov
«Mi padre era jardinero. Ahora es jardín». Con esta imagen, Gueorgui Gospodínov resume el dolor que atraviesa su relato sobre los últimos meses de vida de su padre.
Mientras la enfermedad avanza, el escritor intenta conservar los gestos, las palabras y las historias del hombre que lo protegió durante la infancia. El jardín, los campos de fresas y los recuerdos familiares se convierten en lugares a los que regresar cuando el presente resulta demasiado difícil de aceptar.
Se trata de un texto autobiográfico sobre el duelo y el vínculo entre padres e hijos. Gospodínov evita las explicaciones fáciles y se concentra en algo más íntimo: el desconcierto de quien contempla cómo desaparece la última persona que todavía lo recordaba como un niño.
Es probablemente el libro más doloroso de esta selección, pero también uno de los más hermosos. Una lectura contenida, sincera y sin sentimentalismos innecesarios.

5. El sexto mesías, de Mark Frost
El pasado verano recomendamos La lista de los siete, la novela en la que Mark Frost imaginaba a un joven Arthur Conan Doyle envuelto en una investigación sobrenatural antes de crear a Sherlock Holmes. Este año recomendamos la continuación de sus aventuras.
Conan Doyle ha alcanzado la fama y acaba de provocar un escándalo literario al matar a su célebre detective. Para escapar de la presión pública, embarca rumbo a Estados Unidos, pero el viaje pronto se convierte en una pesadilla: varios pasajeros mueren sin explicación, los ataúdes esconden secretos y las sesiones de espiritismo parecen convocar fuerzas demasiado reales.
Doyle volverá a encontrarse con el aventurero Jack Sparks y quedará atrapado en una trama que reúne profecías, libros sagrados, sociedades ocultas y una amenaza capaz de cambiar el destino del mundo.
El sexto mesías es la lectura destinada a la evasión absoluta. Una novela extensa, vertiginosa y construida con los recursos del mejor folletín de aventuras. Misterio, humor, persecuciones y fenómenos sobrenaturales se combinan en una historia concebida para seguir leyendo incluso cuando ya habíamos decidido apagar la luz.
6. Cruz torcida, de Sally Carson
Lexa imagina un futuro sencillo junto a Moritz, el joven médico con el que está prometida. Quieren casarse y construir un hogar, pero viven en la Alemania de comienzos de la década de 1930. Cuando Moritz pierde su trabajo por su origen judío, la vida que habían proyectado comienza a resultar imposible.
Los hermanos de Lexa, seducidos por las promesas del nazismo, la presionan para que abandone a su prometido y se case con un miembro del partido. Los encuentros entre los dos jóvenes pasan entonces a ser secretos, mientras el fanatismo político entra en las conversaciones, divide a las familias y convierte el amor en un acto de resistencia.
La particularidad de esta novela es que Sally Carson la escribió en 1934. No reconstruyó el ascenso del nazismo con la perspectiva que proporciona la historia, sino que lo observó mientras estaba sucediendo, cuando muchas personas todavía se negaban a imaginar hasta dónde podía llegar.
Su recuperación resulta especialmente inquietante. Cruz torcida muestra cómo los autoritarismos no aparecen de repente: avanzan mediante pequeñas renuncias, discursos aparentemente inocentes y promesas dirigidas a quienes necesitan encontrar culpables.
7. El silencio de Sherezade, de Defne Suman
Cerramos nuestras recomendaciones de ficción con una gran novela histórica ambientada en Esmirna, una ciudad cosmopolita del Mediterráneo oriental en la que convivieron durante siglos comunidades turcas, griegas, armenias y levantinas.
La narración comienza en 1905, con el nacimiento de una niña y la llegada al puerto de un espía indio al servicio del Imperio británico. Durante los diecisiete años siguientes, las vidas de varias familias se entrelazan mientras el Imperio otomano desaparece, la Primera Guerra Mundial altera las fronteras y los intereses de las grandes potencias convierten la ciudad en moneda de cambio.
Defne Suman reconstruye ese mundo perdido a través de los amores, los nacimientos, las traiciones, las ausencias y los secretos de quienes lo habitaron.
Sus más de quinientas páginas permiten una lectura pausada y envolvente, de esas para las que los días largos del verano resultan especialmente apropiados.
8. Contra el futuro, de Marta Peirano
Salimos de la ficción para entrar en el terreno de lo real y lo plausible. Este ensayo no pretende predecir el futuro, sino discutir la idea de que ese futuro ya está decidido.
Marta Peirano analiza la relación entre la crisis climática, el poder económico y las grandes plataformas tecnológicas. Frente al relato habitual de que una innovación todavía desconocida terminará resolviendo todos nuestros problemas, la autora sostiene que las soluciones técnicas ya existen en buena medida. La verdadera dificultad es política: quién controla las infraestructuras, quién se beneficia de las crisis y quién soporta sus consecuencias.
Peirano explica conceptos como el feudalismo climático o el capitalismo del desastre, pero no se limita a describir un escenario apocalíptico. Su propósito es recuperar la capacidad de actuación ciudadana y demostrar que el porvenir sigue siendo un territorio en disputa.
Un libro muy recomendable para quienes desean comprender algunas de las fuerzas que están transformando nuestro mundo sin resignarse al pesimismo ni confiar ciegamente en que la tecnología resolverá por sí sola los problemas que hemos creado.
Estas ocho lecturas hablan de mundos muy diferentes, pero todas parecen plantearse una misma pregunta: qué podemos salvar cuando aquello que parecía estable comienza a desmoronarse.
Un hogar se pierde, una familia puede dividirse y una ciudad desaparece entre las llamas. También se manipulan los recuerdos o se presenta el futuro como una amenaza inevitable. Frente a ello, siempre está la posibilidad de decidir cómo queremos vivir.
Confiamos en que alguna de estas historias os acompañe durante las próximas semanas. Tal vez, al terminar el verano, el lugar donde la hayáis leído siga siendo el mismo. Vosotros, probablemente, habréis cambiado un poco.
Feliz lectura y feliz verano.